miércoles, 16 de mayo de 2007

Están locos estos romanos

Estoy yo aquí, en casita, sentada tranquilamente, entreteniéndome por mi trocito de blogosfera, tomándome un batido de vainilla (hmmmm), leyendo las noticias, cuando me encuentro con esto:

Un niño de 10 meses obtiene un permiso de armas en el Estado de Illinois (EE UU)

Y me pregunto: ¿quién es más tonto? ¿el padre, que pide un permiso de armas para su bebé casi recién nacido y al que le parece "un complemento adorable para su álbum de fotos infantil"? ¿el estado de Illinois, que no pone límite de edad para solicitarlo? ¿el abuelo, que deja en herencia una escopeta a su nieto?

Y aquí sigo, tomándome mi batido mientras me debato entre la risa y el llanto.

4 comentarios:

animalpolítico dijo...

Noooooo, es para ir más seguro a la Guardería... los pañales ya no son lo que eran...

AF dijo...

Lo más gracioso vendrá cuando padre e hijo, dentro de no mucho tiempo, se enzarzen a tiros para dirimir sus diferencias en torno a la razón de que el primero no haya ido a ver el partido de beisbol del segundo.

Luego, el que gane en la pelea se atrinchera en su casa y hace frente, utilizando el arma del vencido, a las cohortes de policías del cuerpo de asalto que corresponda, apoyados por helicópteros, que acuden a la casa avisados por los temerosos vecinos.

Los helicópteros, no obstante, sufren un accidente estrepitosísimo al chocar con otros aparatos fletados por las cadenas de televisión que quieren dar en directo la noticia.

Casualmente, justo al lado de la casa habitada por el chico y el padre, se encuentra un depósito de una sustancia altamente contaminante e inflamable, que entra en ignición al caer sobre ella, envueltos en llamas, los helicópteros de la policía y de la televisión accidentados al chocar entre sí.

La nube tóxica que se genera viaja velozmente por los cielos, impulsada por una repentina tormenta producida a buen seguro por el cambio climático, y transporta la sustancia contaminante hasta una gran urbe cercana.

Inadvertidamente, la sustancia se introduce por las ventanas de un gran hospital espacializado en enfermedades respiratorias. Los efluvios venenosos se cuelan insidiosamente por los pasillos del hospital y van contaminando, una tras otra, las habitaciones del mismo.

En la más lujosa de todas ellas, protegido casi por una división blindada, se encuentra Charlton Heston, convaleciente de una enfermedad pulmonar. Apenas ve la nubecilla que asciende, lenta, por las sábanas y la almohada. Nadie la para porque ya todos yacen muertos en el suelo.

Descanse en paz si puede, señor Heston.

Maripuchi dijo...

Patético.

Scout Finch dijo...

Animal, además así el niño, cuando sea mayor, podrá presumir con sus amiguitos de ser el que tiene el permiso de armas desde hace más tiempo.

Antonio, vaya relato. Seguro que Charlton Heston está superorgulloso de que hasta los bebés tengan licencia de armas.

Pues sí, Maripuchi, patético y asqueroso.