sábado, 10 de febrero de 2007

Cine: "Diamante de sangre"

Ya he visto "Diamante de sangre". Supongo que todos sabréis de qué va esta película porque ha tenido la típica publicidad a lo grande "made in Hollywood", incrementada además por el plantón que le dieron los fotógrafos a Leo y compañía el día que estuvieron en el preestreno en Madrid.

Me ha gustado. Sobre todo Leonardo DiCaprio, que cada vez que le veo me parece mejor actor (no hay más que verle en "Infiltrados", impresionante película). "Diamante de sangre" es una película dura - de hecho empieza con una escena bastante cruda - con un tema social, económico y político difícil, por no decir directamente espantoso, pero real, demasiado real. Tan real que me he pasado media película con los lagrimones puestos. Es una de esas pelis que te hace reflexionar sobre lo afortunados que somos de poder levantarnos por las mañanas tranquilamente, sin tener que pensar si será ese el día en que aparezcan tres todoterrenos llenos de "revolucionarios" y niños soldado, dispuestos a matarnos por el mero hecho de que les resulta divertido.

Dura más de dos horas, que se me han pasado volando. Flojea en algunos momentos, pero en general es trepidante, aunque el final es bastante previsible. Os recomiendo que vayáis a verla.

Sólo hay una cosa que no termino de entender: ¿por qué a Djimon Hounsou, que está inmenso, le nominan al Oscar a mejor actor secundario si es tan protagonista o más que DiCaprio? Misterios de Hollywood.

viernes, 9 de febrero de 2007

Contador de visitas

Gracias a Cinéfila ya tengo contador de visitas, así que por fin puedo saber cuánta gente está leyendo este blog (aparte de mí, mi novio y Cinéfila, claro). Así que ya sabéis, os tengo controlados (je je).

Los 400

¡Qué pena que nos hayamos vuelto tan insensibles, que nos importen tan poco las vidas de 400 personas! Esta situación es vergonzosa, y por desgracia no es la primera vez que ocurre. ¿Cómo es posible que los gobernantes de estos países, entre ellos el nuestro, se pasen la bola los unos a los otros como si estuviesemos hablando de patatas o estiércol? ¡Son personas, personas lo suficientemente desesperadas como para arriesgar sus vidas en un viaje incierto! Por desgracia, a pesar de que nos vanagloriemos de estar en un país civilizado, seguimos teniendo en muy poca estima la vida de los demás, sobre todo si no son del color o la clase adecuados.

lunes, 5 de febrero de 2007

Más sobre la amistad

Todo esto de la amistad viene por un problema que tengo con alguien a quien ya no considero amigo. Es una antigua compañera de trabajo. Nos conocimos hace 4 años y desde el principio nos llevamos muy bien. Conectamos enseguida y compartimos muchas cosas que nos pasaron en ese tiempo, cosas muy importantes en la vida como la muerte de un ser muy querido para mí o su boda. Y siempre nos apoyamos. Tuvimos nuestras diferencias pero supimos superarlas.

Entonces ella decidió dejar el trabajo porque estaba muy agobiada por culpa de otra compañera. Además no veía ninguna posibilidad de progresar en nuestra empresa. Yo apoyé su decisión, aunque me daba mucha pena que se fuese porque sabía que su marcha cambiaría nuestra amistad: ya no nos veríamos tan a menudo ni nos contaríamos nuestras cosas de cada día. Para mí todo eso era muy importante y una de las razones por las que me gustaba tanto mi trabajo. Pero confiaba en que seguríamos siendo tan buenas amigas como lo habíamos sido hasta ese momento. Ella lo pasó muy mal, porque llevaba 5 años en la empresa y siempre había estado a gusto y le dolía tener que dejar el que había sido su primer trabajo.

El caso es que hace más de año y medio que se fue y en todo ese tiempo nos hemos visto dos veces y he tenido noticias suyas en pocas ocasiones más. Nos hemos mandado algún correo-e de vez en cuando y poco más. Ella siempre pone la excusa de que está muy liada, porque ha encontrado trabajo algo lejos de su casa, y no tiene tiempo de quedar. Hasta ahora, yo aceptaba sus excusas con tranquilidad porque sabía que era cierto, aunque me molestaba que no tuviese nunca ni un ratito para mí y que las dos veces que la había visto habíamos estado juntas menos de dos horas.

El problema empezó este verano. Fue mi cumpleaños, llamó para felicitarme y quedamos en vernos la semana siguiente para celebrarlo. Yo estaba muy contenta porque tenía ganas de que nos viésemos y además, como teníamos horario de verano, podríamos estar un poco más de tiempo juntas. Pero todo eso se fue al traste cuando me llamó poco después para decirme que no podía quedar porque tenía que ir con su madre a comprar la comida para la celebración del cumpleaños de su marido, que era la semana siguiente. La verdad es que eso me sentó fatal, porque habíamos quedado para comer y a ella le daba tiempo de sobra de comprar cuando llegase a casa sobre las 7. Pero bueno, me aguanté porque me prometió que me llamaría la semana siguiente para quedar.

Todavía estoy esperando. Desde julio del año pasado solamente he tenido noticias suyas a través de un mensaje de texto. Bueno, y esa es otra que no voy a contar aquí porque si no me eternizaría.

Yo tampoco la he llamado en todo este tiempo, porque fue ella la que dijo que se pondría en contacto conmigo para quedar. Seguramente estoy siendo muy cabezota, pero es porque me planteo si merece la pena que yo haga el esfuerzo de intentar mantener una amistad que está claro que a ella no le importa tanto como yo pensaba.

Y se acerca su cumpleaños, que es en marzo, y no sé qué hacer. Por una parte me da pena, pero por otra me da rabia. Así que pasa el tiempo y me importa cada vez menos perder esta amistad y a ella le debe importar poco más, porque le mandé una postal de felicitación por navidad y todavía estoy esperando noticias suyas.

Vaya parrafada.

Amistad

¡Qué complicada es la amistad! A los amigos los elegimos y la familia viene impuesta y yo siempre había pensado que podía confiar más en mis amigos, porque los conocía mejor que a mi propia familia. Pero últimamente estoy empezando a cambiar de opinión.

Según crezco, veo que mis amigos de siempre van cambiando, andan por caminos diferentes al mío y se van convirtiendo en personas diferentes a lo que yo creía que eran. Cuando somos jóvenes nos pasamos mucho tiempo con nuestros amigos, compartimos muchas cosas, ideas, formas de ver y vivir la vida, pero con el tiempo, cuando empiezas a trabajar y tienes menos tiempo para pasarlo con ellos, empiezan a convertirse en extraños. No en extraños por completo, pero sí en personas distintas. Y a veces, esas personas dejan de tener cosas en común con nosotros.

Antes pensaba que era prácticamente imposible que yo llegase al punto de no querer volver a ver a una amiga, puesto que yo la había escogido y suponía que la conocía, pero la vida da muchas vueltas y enseña muchas lecciones.

Ya no confío tanto en la amistad. De hecho, pienso que la mayoría de los amigos que tengo, excepto dos, son amigos para lo bueno, pero no estoy segura de si lo serían para lo malo. ¿Es eso culpa mía? Tal vez no sé ser amiga o a lo mejor espero mucho de los demás y luego me decepcionan. O tal vez hoy tengo el día tonto y lo veo todo negro.

Cine: "Volver" de Pedro Almodóvar

Ayer, por fin, vi "Volver" de Almodóvar. Y lo siento mucho, pero no me gustó. Me dejó indiferente. No me gusta Almodóvar y está claro que nunca me va a gustar. No es que lo aborrezca, es que no me interesa el tipo de cine que hace. No creo que sea una película de Oscar, ni que Penélope Cruz merezca el galardón a mejor actriz. Y a mí me gusta Pe, pero me rechina ese papel de maruja de Vallecas, eso sí repeinadísima y pintadísima de la muerte. No puedo decir nada malo de esta película, simplemente no me llegó. Eso sí, me encantó el papel de Lola Dueñas y claro, Carmen Maura con esa mirada de alucinada... Tampoco me gustó demasiado el ambiente a España profunda, con las mujeres de negro velando el cuerpo de la tía Paula o limpiando las tumbas al principio de la película. No digo que no quede nada de eso, pero me pareció anticuado.

A veces me siento como un bicho raro porque no me gusta Almodóvar, pero sus películas suelen dar una imagen de España con la que no me identifico en absoluto.